Dormir bien es el pilar indiscutible, pero el descanso durante las horas de vigilia es un aspecto que solemos subestimar. Especialmente en entornos muy dinámicos, aprender a modular nuestro gasto de energía es vital.

Cuando bajamos el ritmo de nuestras obligaciones por unos minutos y nos permitimos respirar, el cuerpo tiene la oportunidad de soltar la postura defensiva o encorvada que adoptamos inconscientemente ante el estrés del correo electrónico, el tráfico o las prisas familiares.

No se trata de estar inactivos todo el fin de semana. A menudo, un descanso activo (como una caminata suave por el parque sin teléfono, o arreglar las plantas del balcón) ayuda más a recuperar la sensación de ligereza que pasar horas recostados viendo una pantalla.